El avance de los agentes de IA capaces de realizar compras y pagos sin intervención humana directa abre interrogantes sobre la autorización de transacciones, la protección del consumidor y la responsabilidad ante errores o fraudes. Global Payments advierte que la regulación deberá adaptarse a esta nueva modalidad comercial.
La posibilidad de que un sistema de inteligencia artificial realice compras, contrate servicios y ejecute pagos en representación de una persona plantea nuevos desafíos para la industria financiera y los marcos regulatorios que protegen a los consumidores.
El desarrollo del denominado comercio agéntico podría transformar los mecanismos de autorización de operaciones, prevención de fraude y asignación de responsabilidades cuando una transacción no se ejecuta conforme a las instrucciones del usuario.
En entrevista con Mundo Fiscal, Juan Pablo D’Antiochia, gerente general de Enterprise para Global Payments en América Latina, explicó que la industria de medios de pago comienza a prepararse para un escenario en el que las transacciones sean iniciadas y ejecutadas por agentes automatizados.
El especialista reconoció que uno de los principales retos será determinar quién debe responder cuando una inteligencia artificial realiza una compra equivocada, genera un cargo indebido o participa en una operación fraudulenta.
“Creo que hoy la normativa en general no está 100% adecuada a este escenario”, afirmó.
¿Quién será responsable de las compras realizadas por agentes de IA?
Uno de los principales desafíos jurídicos del comercio agéntico consiste en establecer los límites de responsabilidad entre los participantes de una operación.
En una transacción electrónica convencional, el consumidor interviene directamente en la selección del producto y la autorización del pago, aunque pueden existir intermediarios tecnológicos y financieros.
Con los agentes de inteligencia artificial, parte de esas decisiones podría delegarse a sistemas capaces de actuar conforme a instrucciones previamente establecidas.
Sin embargo, podrían presentarse situaciones en las que el resultado no corresponda con lo solicitado originalmente.
D’Antiochia planteó distintos escenarios que todavía requieren respuestas regulatorias:
- Compras no deseadas: cuando un agente adquiere un producto diferente al solicitado.
- Operaciones fraudulentas: cuando una transacción automatizada se ejecuta sin autorización legítima.
- Errores de interpretación: cuando la inteligencia artificial procesa incorrectamente las instrucciones del consumidor.
- Incumplimientos comerciales: cuando los productos o servicios adquiridos no corresponden con las condiciones esperadas.
- Decisiones autónomas: cuando un agente ejecuta operaciones sin una validación individual del usuario.
El ejecutivo también mencionó la posibilidad de que los sistemas generen respuestas incorrectas, conocidas como alucinaciones, y que estas influyan en las decisiones comerciales.
“Si ocurre un fraude, ¿de quién es la culpa? Si se compra un producto indebido, ¿de quién es la culpa? Si tal vez el producto no llegó en las condiciones esperadas, ¿de quién es la culpa?”, cuestionó.
D’Antiochia reconoció que todavía no existe una respuesta general y definitiva para todos estos escenarios.
Regulación del comercio agéntico: el desafío para México
La legislación mexicana cuenta con disposiciones aplicables a las operaciones comerciales digitales y a la protección de los usuarios de servicios financieros.
Entre los principales ordenamientos relacionados con estas actividades se encuentran el Código de Comercio, la Ley Federal de Protección al Consumidor y, dependiendo de la naturaleza del servicio y de las entidades participantes, la Ley para Regular las Instituciones de Tecnología Financiera.
No obstante, la existencia de estos marcos normativos no supone que todas las situaciones derivadas de decisiones autónomas de inteligencia artificial estén expresamente reguladas.
En particular, será necesario analizar cómo se aplican las obligaciones existentes cuando una persona autoriza previamente a un sistema para realizar determinadas operaciones.
¿Cómo se comprobará la autorización de un pago?
Una de las interrogantes centrales será la forma en que las instituciones financieras y los proveedores de servicios de pago podrán comprobar que una operación ejecutada por inteligencia artificial responde a la voluntad del titular.
El comercio agéntico podría funcionar bajo diferentes esquemas.
En algunos casos, el usuario mantendría la autorización final de cada operación. En otros, podría establecer condiciones previas para permitir que el agente ejecute compras dentro de determinados parámetros.
Esta segunda modalidad plantea preguntas sobre los mecanismos necesarios para acreditar el consentimiento, verificar los límites establecidos y documentar las instrucciones originales.
Aunque estos escenarios todavía se encuentran en desarrollo, su implementación deberá considerar las obligaciones aplicables a la autenticación, seguridad de las operaciones y protección de los consumidores.
D’Antiochia explicó que la adaptación normativa será parte del proceso de expansión de esta tecnología.
“Todo eso se tiene que adecuar y es parte del porqué en la industria de medios de pago estamos hablando tanto de este tema”, señaló.
Inteligencia artificial y fraude: ¿cómo identificar una transacción legítima?
Otro desafío para las instituciones financieras y los comercios será distinguir entre las operaciones realizadas por agentes autorizados y aquellas que representan un riesgo de fraude.
Durante años, los sistemas de seguridad del comercio electrónico han utilizado distintos indicadores para identificar comportamientos automatizados sospechosos.
La navegación mediante robots y la ejecución repetitiva de determinadas acciones podían formar parte de las señales utilizadas para detectar operaciones potencialmente fraudulentas.
Sin embargo, la incorporación de agentes de IA modifica este escenario.
D’Antiochia explicó que una actividad automatizada dentro de una plataforma comercial podría corresponder a un agente que actúa legítimamente en representación de un consumidor.
Por ello, los mecanismos de prevención deberán evolucionar para evitar que las operaciones autorizadas sean rechazadas únicamente por presentar características de navegación automatizada.
El especialista destacó que la industria de medios de pago tiene un papel relevante en el desarrollo de la infraestructura necesaria para procesar estas transacciones.
También señaló que deberán establecerse mecanismos que permitan proteger al consumidor durante las operaciones ejecutadas por agentes.
El Agentic AI Report 2026 identifica mayor aceptación de las compras automatizadas
La evolución de la disposición de los consumidores hacia estas herramientas representa otro elemento relevante para las empresas y los proveedores de servicios financieros.
De acuerdo con los hallazgos del Agentic AI Report 2026 de Global Payments, compartidos por D’Antiochia, el porcentaje de participantes que rechazaba completamente la posibilidad de realizar operaciones mediante agentes de inteligencia artificial disminuyó considerablemente.
Durante 2025, aproximadamente 25% manifestaba que no realizaría una transacción de comercio agéntico bajo ninguna circunstancia.
Para 2026, la proporción se redujo al 6%.
El directivo explicó que esta evolución refleja una mayor familiaridad de los consumidores con el concepto de delegar actividades a sistemas de inteligencia artificial.
Sin embargo, reconoció que la utilización de agentes para completar operaciones comerciales todavía no es una práctica generalizada.
La industria financiera enfrenta, por tanto, el reto de preparar su infraestructura antes de que estas operaciones alcancen una mayor escala.
¿Cómo deberán prepararse las empresas y los procesadores de pagos?
El comercio agéntico también plantea nuevas exigencias para los establecimientos que reciben pagos electrónicos.
Las plataformas deberán permitir que los agentes autorizados consulten información sobre productos, comparen condiciones y, eventualmente, ejecuten transacciones.
En este escenario, los proveedores de servicios de pago tendrán que evaluar cómo incorporar operaciones iniciadas por sistemas automatizados sin comprometer sus mecanismos de seguridad.
D’Antiochia consideró que las empresas no deberían esperar hasta que exista una demanda generalizada para comenzar a prepararse.
“No creo que las empresas puedan permitirse no subirse al comercio agéntico. Porque no subirse al comercio agéntico significa no estar en la vitrina de aquella persona que sí va a comprar por ese canal”, sostuvo.
Las compras autónomas podrían coexistir con autorizaciones humanas
El ejecutivo anticipó que durante los próximos años podrían desarrollarse diferentes modelos de interacción entre consumidores y agentes.
Las compras recurrentes de menor valor podrían convertirse en uno de los primeros segmentos donde los usuarios permitan una mayor autonomía.
Por el contrario, determinadas operaciones de mayor valor o aquellas que involucren decisiones personales podrían conservar mecanismos de autorización individual.
“Habrá cosas en las cuales hay una verificación del consumidor o un punto de confirmación de decir: bueno, sí estoy de acuerdo con esta compra, avancemos. Y habrá otras que serán 100% autónomas”, explicó.
D’Antiochia estimó que, en un horizonte de tres años, será técnicamente viable encontrar experiencias comerciales en las que los agentes de inteligencia artificial organicen compras y contraten determinados servicios.
No obstante, aclaró que todavía resulta difícil anticipar el nivel de adopción que alcanzarán estas operaciones.
Protección del consumidor y pagos con IA: los pendientes regulatorios
El avance del comercio agéntico plantea un desafío para las autoridades, las instituciones financieras y las empresas tecnológicas: garantizar que la automatización de las transacciones no debilite los mecanismos de protección del consumidor.
En México, la incorporación de estas herramientas deberá analizarse a partir de las disposiciones vigentes sobre comercio electrónico, servicios financieros, protección de datos personales y derechos de los consumidores.
También será necesario determinar cómo se acreditará el consentimiento cuando un agente ejecute operaciones previamente autorizadas y qué responsabilidades corresponderán a los diferentes participantes ante errores o controversias.
Durante la entrevista, D’Antiochia señaló que la regulación deberá evolucionar conforme estas tecnologías ganen presencia en el mercado.
El especialista también reconoció que desarrollar disposiciones demasiado anticipadas podría resultar complejo, debido a que todavía no se conoce con precisión cómo funcionarán los modelos comerciales que alcancen mayor adopción.
Para las empresas mexicanas, el reto no se limitará a incorporar herramientas de inteligencia artificial en sus procesos de venta. También deberán revisar la seguridad de sus plataformas, los mecanismos de autorización y las condiciones bajo las cuales permitirán que sistemas automatizados realicen operaciones.
La expansión del comercio agéntico pondrá a prueba la capacidad de la regulación y de la infraestructura financiera para distinguir entre una compra legítimamente delegada, un error tecnológico y una operación fraudulenta. La definición de responsabilidades será uno de los elementos centrales para construir confianza entre los consumidores.

