A pocos días del Día Internacional de la Mujer, un estudio del Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) de la Universidad Tecmilenio confirma que las brechas de género en el ámbito laboral persisten en México, incluso cuando las mujeres registran mejores niveles de desempeño que sus colegas masculinos.
De acuerdo con los resultados del análisis —que se realiza anualmente y que este año cumple cinco ediciones— las mujeres presentan un desempeño ligeramente superior al de los hombres. Sin embargo, esa ventaja no se traduce necesariamente en más oportunidades de crecimiento profesional.
“Las mujeres tienen un desempeño ligeramente más alto que los hombres y están dispuestas a dar un esfuerzo adicional por su trabajo. Sin embargo, reciben menos promociones y una menor proporción de aumentos salariales superiores al 5%”, explicó Rosalinda Ballesteros Valdés, directora del IPBI en TecMilenio.
Brecha entre desempeño y oportunidades laborales
Los datos muestran una paradoja dentro de las organizaciones: el reconocimiento al desempeño femenino existe en las evaluaciones, pero no siempre se refleja en ascensos o incrementos salariales.
Según Ballesteros, este fenómeno revela que aún persisten barreras estructurales dentro del mercado laboral.
“Lo que muestra el estudio es la brecha entre la percepción de que las mujeres pueden realizar cargos directivos y la realidad de cuántas oportunidades reciben para ocuparlos”, señaló.
La especialista añadió que esta diferencia se suma a la brecha salarial que aún enfrenta el país. En promedio, explicó, las mujeres perciben alrededor de 85 centavos por cada peso que gana un hombre, lo que provoca que las desigualdades se acumulen a lo largo de la trayectoria profesional.
“Una vez que tu salario de ingreso es menor o tus primeros aumentos son más bajos, esa diferencia se perpetúa si la empresa no tiene políticas específicas para reducir la brecha salarial”, indicó.

Sesgos culturales y estructurales dentro de las empresas
El estudio también sugiere que la desigualdad responde a una combinación de factores culturales y organizacionales.
Ballesteros explicó que muchos de los obstáculos se relacionan con la distribución desigual de las tareas de cuidado en México.
“Las mujeres siguen teniendo mayor carga en tareas no remuneradas, como el cuidado de hijos o de adultos mayores. Eso influye en la forma en que toman decisiones laborales o en cómo las organizaciones perciben su disponibilidad”, comentó.
Uno de los hallazgos del estudio muestra diferencias en la disposición a cambiar de empleo. Ante una oferta que represente 10 mil pesos adicionales de salario, el 60% de los hombres aceptaría el cambio, mientras que solo el 55% de las mujeres lo haría.
Para la investigadora, esto podría reflejar que muchas trabajadoras valoran condiciones que les permitan equilibrar su vida personal y laboral.
Tres momentos críticos en la carrera profesional de las mujeres
El análisis del IPBI identifica tres etapas en las que las mujeres enfrentan mayores barreras para avanzar hacia puestos de liderazgo:
1. Acceso al primer puesto de supervisión
El primer reto suele ser obtener un cargo de supervisión. Aquí pueden influir tanto sesgos en los procesos de selección como factores externos relacionados con responsabilidades familiares.
2. Menor acceso a recursos dentro de las organizaciones
Otro obstáculo aparece cuando las mujeres reciben menos presupuesto, personal o herramientas tecnológicas para desempeñar sus funciones.
“Si tienes menos recursos para ejecutar proyectos, los resultados pueden ser de menor impacto y eso se convierte en un círculo vicioso que limita nuevas oportunidades”, explicó Ballesteros.
3. El llamado “techo de cristal”
El tercer momento ocurre al intentar acceder a posiciones directivas.
“Cuando ninguna mujer ha ocupado antes ese puesto, surge la duda dentro de la organización sobre si puede hacerlo o no”, comentó la especialista, en referencia al fenómeno conocido como techo de cristal.
Qué pueden hacer las empresas para reducir la brecha
Frente a este panorama, el instituto plantea una serie de acciones que pueden implementar las organizaciones para avanzar hacia una mayor equidad laboral.
Entre las principales recomendaciones destacan:
- Implementar políticas activas de reducción de brecha salarial
- Promover la formación de mujeres con potencial para puestos directivos
- Abrir convocatorias de promoción internas de forma transparente
- Crear procesos de selección con evaluaciones de competencias sin identificar género
- Formar a los equipos en la identificación de sesgos inconscientes
Ballesteros subrayó que reconocer la existencia de estos sesgos es el primer paso para corregirlos.
“No se trata de ocultar que existen. Todos tenemos sesgos porque el cerebro procesa información de forma automática. Lo importante es identificar cuándo aparecen y generar mecanismos para contrarrestarlos”, afirmó.
Diversidad en liderazgo impulsa la productividad
La directora del IPBI enfatizó que promover el liderazgo femenino no solo responde a una cuestión de justicia laboral, sino también a un factor de competitividad empresarial.
De acuerdo con la especialista, los equipos directivos diversos —en género, edad o perspectivas— suelen tomar mejores decisiones y generar mayor innovación dentro de las organizaciones.
“El tener equipos de liderazgo diversos beneficia a la empresa porque incorpora distintos puntos de vista para resolver problemas y diseñar estrategias”, explicó.
Un llamado a las empresas rumbo al 8M
De cara al Día Internacional de la Mujer, la investigadora consideró que los hallazgos del estudio deben motivar a las empresas a revisar sus procesos internos y abrir espacios de discusión sobre igualdad laboral.
“El mensaje es abordar de manera transparente que los sesgos están presentes y trabajar para corregirlos. Esto beneficia a todas las personas dentro de la organización y también a la productividad de las empresas”, concluyó.

