La tensión geopolítica en Medio Oriente volvió a colocar al petróleo en el centro de la discusión económica global. Con los referentes internacionales acercándose a la barrera de los 120 dólares por barril, analistas anticipan un periodo de volatilidad que podría modificar las estrategias de inversión y la dinámica del nearshoring en Norteamérica.
De acuerdo con un análisis de la firma de inversión Aztlan Equity Management, el incremento en los precios del crudo está vinculado directamente con el conflicto regional que involucra a Irán y con la posibilidad de disrupciones en rutas energéticas estratégicas.
“Actualmente observamos disrupciones severas derivadas del conflicto geopolítico entre potencias y su impacto en Irán, lo que genera una prima de riesgo inmediata en el crudo”, explicó Alejandro H. Garza Salazar, director de inversiones y fundador de la gestora.
El especialista advirtió que, en un escenario extremo, el barril podría escalar hasta los 150 dólares, aunque la firma considera que el mercado tenderá a normalizarse una vez que disminuya la presión geopolítica.
“Nuestra tesis central es de normalización. Estimamos que, cuando el ruido geopolítico ceda ante la realidad de la oferta global, los precios tenderán a estabilizarse en un rango de entre 60 y 65 dólares por barril”, puntualizó.
El petróleo vuelve a ser un factor de volatilidad global
El mercado energético registró un fuerte repunte durante la primera semana de marzo.
El contrato de petróleo West Texas Intermediate para entrega en mayo subió 12.2%, alcanzando 90.90 dólares por barril, mientras que el Brent Crude avanzó 8.5% para cerrar en 92.69 dólares.
Se trata de los niveles más altos desde el verano de 2022 y del mejor desempeño diario para ambos referentes en casi seis años.
El impacto del Estrecho de Ormuz
Uno de los factores que detonó la volatilidad fue la amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz, un corredor marítimo por donde transita cerca del 20% del suministro mundial de crudo.
La posibilidad de interrupciones en esa ruta elevó más de 17% los futuros del petróleo durante la semana, impulsando la demanda de instrumentos financieros ligados al sector energétic
Entre los activos que han captado flujos destaca el ETF iShares MSCI World Energy Sector ETF, que registra rendimientos acumulados cercanos al 24.03% en lo que va de 2026.
Para Garza Salazar, este fenómeno confirma que el mercado está reaccionando a una escasez inmediata, más que a una crisis estructural de largo plazo.

Nearshoring 2.0: energía y tecnología definen la nueva etapa
Más allá del impacto en los mercados financieros, la volatilidad del petróleo también está transformando la narrativa del nearshoring en Norteamérica.
Según el análisis de la firma, el fenómeno dejó de ser únicamente una estrategia logística para convertirse en una política de seguridad energética y tecnológica.
Entre los indicadores que reflejan esta transición destacan:
- Renta variable: estrategias enfocadas en semiconductores, ciberseguridad y defensa han generado rendimientos de entre 30% y 40%.
- Renta fija: las estrategias de deuda dolarizada mantienen retornos de 6% a 8%.
- Inversión productiva: se han anunciado más de 36,000 millones de dólares en proyectos vinculados al nearshoring en México.
Infraestructura energética, el mayor reto para México
A pesar del optimismo en torno a la relocalización industrial, la infraestructura energética continúa siendo el principal desafío para el país.
Garza Salazar advirtió que la capacidad eléctrica y la disponibilidad de energía se han convertido en un cuello de botella para absorber proyectos industriales de alta tecnología.
“La integración de Norteamérica se va a dar independientemente del ruido político, pero el nearshoring ya es una realidad en la inversión fija bruta; el problema es que el cuello de botella sigue siendo la energía”, señaló el directivo.

