La reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales en México representa un desafío operativo y financiero para las empresas, particularmente para aquellas que mantienen procesos manuales de administración de personal. A menos de tres meses de 2027, numerosas organizaciones todavía no cuentan con las herramientas necesarias para adaptarse a las nuevas disposiciones, advirtió Alberto Quintana Noda, director general del Hub Norte de Cegid para América Latina, en entrevista con Mundo Fiscal.
El directivo explicó que la transición hacia una jornada de 40 horas requerirá modificar esquemas de trabajo, reorganizar turnos y fortalecer los mecanismos de supervisión de las horas laboradas, sin que esto implique una reducción en los salarios de los trabajadores.
Uno de los principales desafíos, señaló, será incorporar herramientas tecnológicas que permitan administrar los horarios laborales y documentar las horas extraordinarias, particularmente en las pequeñas y medianas empresas.
Empresas deberán reorganizar sus operaciones ante la jornada de 40 horas
De acuerdo con Quintana, el calendario de reducción gradual contempla disminuir dos horas semanales por año a partir de 2027, hasta alcanzar las 40 horas en 2030.
Esta transición supone un cambio significativo para las organizaciones que operan mediante esquemas de producción continua, horarios extendidos o múltiples turnos.
«Sí hemos visto que las empresas han estado ocupadas y preocupadas porque efectivamente esto implica mantener el mismo nivel de salarios y absorber esta reducción gradual de las jornadas», explicó.
El especialista consideró que el impacto dependerá de las características de cada sector económico.
Mientras algunas compañías de servicios podrán reorganizar actividades y eliminar procesos administrativos innecesarios, otras industrias enfrentarán mayores dificultades para mantener su operación con jornadas reducidas.
Entre los sectores con mayores desafíos mencionó:
- Logística y transporte: empresas que requieren continuidad en sus operaciones y cadenas de suministro.
- Petróleo y gas: actividades con características operativas particulares.
- Industrias de operación continua: organizaciones que deberán evaluar la incorporación de nuevos turnos.
- Empresas de servicios: negocios con posibilidades de automatizar tareas y reorganizar sus actividades.
Para Quintana, la reducción de la jornada no necesariamente debe traducirse en mayores contrataciones o incrementos significativos de costos.
La clave estará en identificar actividades repetitivas, tiempos improductivos y procesos susceptibles de automatización.
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Registro electrónico de jornada laboral: el riesgo de incumplimiento para las empresas
Uno de los puntos que mayor preocupación genera entre los empleadores es la implementación de mecanismos electrónicos para documentar las jornadas laborales.
Según explicó el directivo de Cegid, el esquema de implementación que las empresas están considerando contempla la obligatoriedad del registro electrónico a partir del 1 de enero de 2027.
Bajo ese planteamiento, las organizaciones deberán registrar las entradas, salidas y periodos de descanso de sus colaboradores.
Quintana advirtió que las empresas que no cuenten con mecanismos adecuados podrían enfrentar observaciones durante las inspecciones laborales y eventuales sanciones por incumplimiento.
«Si no se apuran en estos días que quedan para enero de 2027, están en riesgo, por un lado, de incumplir si hay una inspección, pero además están perdiendo el tiempo de preparar a los colaboradores», sostuvo.
El especialista también destacó que los registros de asistencia podrían adquirir una mayor relevancia como elementos probatorios ante controversias entre trabajadores y empleadores.
Esto obligará a las compañías a revisar no solamente sus sistemas administrativos, sino también sus contratos laborales y políticas internas.
¿Qué riesgos enfrentarán las empresas que no digitalicen sus procesos?
Desde la perspectiva de gestión empresarial, mantener controles manuales puede incrementar la exposición a problemas relacionados con:
- Cumplimiento laboral: dificultades para acreditar horarios y jornadas efectivamente trabajadas.
- Pago de horas extraordinarias: inconsistencias en el cálculo de las horas adicionales.
- Administración de nómina: errores derivados de registros incompletos.
- Inspecciones laborales: falta de documentación para demostrar el cumplimiento de las obligaciones patronales.
- Costos operativos: mayor tiempo destinado a procesos administrativos y supervisión.
No obstante, las características definitivas de los registros y las obligaciones específicas dependerán de las disposiciones que emita la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).
¿Las pequeñas empresas tendrán que invertir en tecnología?
La transición laboral también plantea interrogantes para las micro, pequeñas y medianas empresas, que generalmente disponen de presupuestos más limitados para modernizar sus operaciones.
Durante la entrevista, Quintana explicó que la tecnología disponible permite implementar herramientas de registro mediante dispositivos móviles, tabletas o plataformas digitales, sin necesidad de adquirir equipos biométricos especializados.
«Ahora, con los avances que tiene la tecnología, permite, sin que sea muy costoso, adquirir una solución tecnológica de esta naturaleza», comentó.
El directivo sostuvo que la digitalización puede representar una alternativa para reducir la carga administrativa y facilitar el seguimiento de los horarios.
Sin embargo, reconoció que todavía existe resistencia entre algunas organizaciones para adoptar plataformas tecnológicas.
A ello se suma la incertidumbre respecto de las disposiciones complementarias que deberán precisar las condiciones de implementación y posibles excepciones para determinadas actividades económicas.
¿Pueden las empresas reducir el salario si disminuye la jornada laboral?
Una de las dudas más recurrentes entre los empresarios es si la disminución de las horas semanales permitiría realizar ajustes proporcionales a los salarios.
Sobre este punto, Quintana fue categórico.
«No se modifica el salario de los empleados en lo absoluto. Las empresas son las que se tienen que reorganizar y ajustar su forma de trabajo», afirmó.
El directivo explicó que la reducción de la jornada deberá absorberse mediante cambios organizacionales, automatización y una administración más eficiente del tiempo.
En consecuencia, las empresas no podrán justificar una disminución salarial únicamente por la reducción legal de las horas de trabajo.
Inteligencia artificial, una alternativa para contener los costos
Para Cegid, la incorporación de herramientas digitales y soluciones de inteligencia artificial en Recursos Humanos puede contribuir a disminuir las tareas manuales y mejorar la productividad.
Quintana destacó que numerosas organizaciones todavía destinan una parte importante de sus jornadas a actividades repetitivas que podrían automatizarse.
Desde su perspectiva, identificar estos procesos permitiría compensar parte de la reducción de horas sin recurrir necesariamente a mayores contrataciones.
Sin embargo, durante la entrevista no se proporcionaron estimaciones sobre el ahorro económico que podría generar la automatización ni sobre el costo promedio de implementar estas tecnologías.
Reforma laboral de 2027: el desafío será anticiparse
El directivo consideró que uno de los principales problemas es que algunas organizaciones todavía perciben la transición hacia las 40 horas como una obligación lejana.
La falta de preparación también alcanza a los trabajadores, quienes no siempre conocen los cambios previstos ni las implicaciones para sus jornadas.
Quintana relató que, durante una conversación con trabajadores de una estación de servicio, encontró desconocimiento sobre la reducción de la jornada laboral y sus posibles efectos.
Para el especialista, esta situación demuestra la necesidad de fortalecer la comunicación interna y preparar tanto a empleadores como a colaboradores.
La transición hacia las 40 horas no solamente modificará los horarios laborales: también exigirá revisar la productividad, los costos operativos y los mecanismos de cumplimiento de las empresas mexicanas.
El reto será realizar estos ajustes sin trasladar el costo de la reorganización a los salarios de los trabajadores.

