La primera quincena de septiembre traerá consigo dos fechas que el área financiera de cualquier empresa exportadora debe tener en cuenta: la cuarta ronda de negociaciones del T-MEC y el inicio del último trimestre del ejercicio fiscal 2026.
La coincidencia traerá una presión doble que muchas empresas pueden no gestionar de forma coordinada.
Tres rondas de negociación después, el panorama es más claro que hace seis meses.
El 85% de las exportaciones mexicanas siguen entrando a Estados Unidos con arancel cero bajo el T-MEC.
Los aranceles sectoriales de 25% en automotriz y 50% en acero y aluminio siguen vigentes.
El 10% bajo la Sección 301 que se activó desde el 24 de julio, aplica únicamente a exportaciones que no acrediten cumplimiento de reglas de origen y no representa un incremento respecto al esquema anterior.
Es improbable que en la próxima ronda se resuelvan las tensiones estructurales (que tanto PEMEX como la presencia de empresas asiáticas siguen siendo los dos temas que bloquean el avance), pero lo que sí puede ocurrir en septiembre es un endurecimiento de las exigencias de contenido regional, mayor presión sobre la cadena de proveedores locales y nuevas condiciones de acceso para sectores específicos, implicaciones que no dependen del resultado de la negociación sino de la dirección que ya está tomando.
El propio representante comercial de Estados Unidos fue explícito con líderes empresariales mexicanos: los aranceles no van a desaparecer con la revisión del T-MEC. Creo sensato hacernos a la idea de que, en efecto, así será; por lo que las y los empresarios en México deben empezar a tomar decisiones financieras concretas antes del cierre de año.
Las empresas que estén elaborando su plan financiero para el siguiente ejercicio no pueden asumir que el entorno arancelario será igual al de 2026. La cuarta ronda puede traer cambios en reglas de origen, en umbrales de contenido regional o en tratamiento de insumos importados, que seguramente afectarán directamente la estructura de costos. Presupuestar bajo escenarios distintos no es pesimismo, es gestión de riesgo.
Del mismo modo, cada ronda del T-MEC genera movimientos en el tipo de cambio y el peso reacciona tanto a los avances como a los retrocesos. Las empresas que gestionan sus coberturas de forma reactiva llegan tarde; las que las estructuran con anticipación a los eventos de mayor volatilidad tienen mejor posición. Con la cuarta ronda en la primera quincena de septiembre, la ventana para revisar la estrategia cambiaria es ahora.
Además, las áreas financieras deben también revisar la liquidez de la cadena de suministro para fortalecer el valor agregado nacional de las exportaciones, ya que integrar proveedores locales sin asegurar su acceso a financiamiento es una promesa sin músculo.
Los ciclos de pago largos y el capital de trabajo limitado siguen siendo el cuello de botella más silencioso de la cadena exportadora. Instrumentos como el factoraje y las cadenas productivas no son opcionales en este entorno, son parte de la estrategia de cumplimiento de contenido regional.
El cierre del año no espera a que terminen las negociaciones.
El T-MEC se va a seguir negociando ronda por ronda hasta que ambas partes encuentren un balance, a pesar de que el cierre fiscal del ejercicio 2026 está próximo.
Las empresas exportadoras que lleguen a diciembre sin haber revisado su posición de reglas de origen, sin haber asegurado la liquidez de su cadena de proveedores y sin haber estructurado sus coberturas ante la incertidumbre de septiembre van a enfrentar un cierre más complicado de lo necesario.
La incertidumbre comercial es real, pero la planeación financiera no puede ser su rehén.

