Hay una regla no escrita en el mundo del venture capital: los inversionistas pueden perder dinero, pero nunca tiempo.
Por eso la noticia de que Ben Horowitz, cofundador de Andreessen Horowitz (a16z), uno de los fondos de inversión más influyentes del planeta, se reunió por segunda vez en ocho meses con Claudia Sheinbaum sacudió al ecosistema.
a16z ayudó a impulsar empresas que redefinieron industrias enteras (saludos, Coinbase y Airbnb) y ha sido uno de los protagonistas de la nueva ola de inversiones en inteligencia artificial. Cuando una firma de ese tamaño dedica tiempo a un país, no lo hace para coleccionar fotografías oficiales, sino porque está buscando la próxima gran oportunidad.
Hoy por hoy, parece que la respuesta es México.
La razón tiene menos que ver con startups individuales y más con una transformación estructural.
México se ha convertido en una pieza central de la reorganización global de las cadenas de suministro. La combinación entre nearshoring, integración comercial con Estados Unidos y una creciente capacidad manufacturera coloca al país en una posición distinta a la que ocupaba hace una década. Además, algunos de los inversionistas más sofisticados parecen tener los ojos en un rubro donde el país está cobrando fuerza: infraestructura, manufactura avanzada, inteligencia artificial aplicada a procesos industriales, energía y tecnología empresarial.
En otras palabras, a16z no está viendo únicamente startups mexicanas. Está viendo a México como plataforma.
Eso es interesante porque históricamente Silicon Valley ha visto a América Latina como un mercado de consumo, desde donde escala productos financieros, aplicaciones de entrega o servicios digitales para millones de usuarios.
Lo que estamos viendo es, potencialmente, un cambio en el juego.
La inteligencia artificial está modificando la forma en que se produce software, se gestionan fábricas y se administran cadenas globales de suministro. Al mismo tiempo, la rivalidad tecnológica entre Estados Unidos y China está obligando a muchas empresas a reconsiderar dónde producen y desde dónde operan.
México está al centro de esas dos tendencias, por lo que podría aprovechar una nueva oportunidad.
Sin embargo, hay cosas que le juegan en contra. La incertidumbre regulatoria, los desafíos energéticos, la inseguridad y la falta de disponibilidad de talento especializado son factores con que ponen en riesgo la inversión en el país.
Pero entonces, ¿qué ve a16z en México?
Tal vez, considera que vale la pena seguir evaluando la oportunidad en medio del caos mundial.
Durante años hemos discutido si México puede producir el próximo unicornio. Tal vez la pregunta correcta sea si puede México convertirse en una de las plataformas tecnológicas e industriales líderes del hemisferio.
Si la respuesta es sí, los grandes fondos globales no estarán buscando solamente la próxima startup mexicana.
Estarán buscando la próxima década mexicana.

