México superó los $70,727 millones de dólares en exportaciones en marzo de 2026, el mayor registro mensual en la historia del país.
Además, los últimos datos de la Balanza Comercial de Mercancías de México (BCMM) muestran que las ventas internacionales superaron los $175,586 millones de dólares en el primer trimestre de este año, también un máximo histórico.
Ambas cifras récord merecen reconocimiento.
Sin embargo, conversando con empresarias y empresarios exportadores en México, noto que estos récords suelen generar un efecto secundario peligroso: la tentación de operar con el mismo modelo que les ha funcionado históricamente, sin ajustar su estrategia financiera y fiscal para lo que viene.
Y ese es un desacierto que me preocupa, especialmente porque el entorno económico cambió.
Considero que hay tres variables que están convergiendo simultáneamente y están redefiniendo las decisiones que las empresas exportadoras deben tomar para mantenerse competitivas en estos tiempos de incertidumbre comercial:
La primera es la revisión del T-MEC, cuya negociación definitiva está programada para julio.
Lo que muchos tratan como un tema de política comercial, me parece es una decisión de planeación fiscal con consecuencias inmediatas. Las reglas de origen más estrictas que se anticipan, particularmente en automotriz y manufactura avanzada, no son solo un asunto de cadena de suministro, sino una variable que afecta directamente la estructura de costos, el régimen IMMEX y la deducibilidad de insumos importados.
La segunda variable es el endurecimiento de la fiscalización aduanera.
Las Reglas Generales de Comercio Exterior 2026 introdujeron cambios relevantes que el área financiera no puede ignorar: mayor exigencia de materialidad en operaciones IMMEX, nuevas obligaciones de trazabilidad digital en transferencias virtuales entre empresas, y un Anexo 24 que otorga al SAT visibilidad en tiempo real sobre inventarios, entradas, salidas y retornos.
Las empresas ya no son seleccionadas para revisión al azar, son identificadas por modelos de riesgo automatizados que detectan inconsistencias estructurales en el cumplimiento.
La tercera variable es la liquidez de la cadena de proveedores.
Un récord exportador construido sobre PyMEs proveedoras sin capital de trabajo es estructuralmente frágil. Cuando los ciclos de pago se alargan (y en el entorno actual de incertidumbre comercial, se están extendiendo hasta los 180 días), la fricción financiera aguas arriba se convierte en un riesgo operativo para toda la cadena.
Instrumentos como el factoraje y las cadenas productivas no son herramientas de emergencia, son decisiones de planeación financiera que deben estar activas antes de que la cadena se rompa.
México tiene hoy el mejor trimestre exportador de su historia, pero es una ventana y no una garantía
Las empresas que usen este momento para ordenar su estructura fiscal, fortalecer su posición de cumplimiento y asegurar la liquidez de su cadena estarán mejor posicionadas cuando llegue julio y con él la mayor negociación comercial de la década.
Los récords se celebran, pero las decisiones financieras se toman antes de que llegue el siguiente récord.

