La pobreza de tiempo en México se consolida como uno de los principales factores que erosionan el bienestar laboral de las madres trabajadoras, con implicaciones directas en la productividad empresarial.
Datos recientes indican que 7 de cada 10 mujeres en la fuerza laboral son madres, y enfrentan una doble jornada que implica hasta 25 horas adicionales de trabajo no remunerado respecto a los hombres, configurando una brecha estructural que ya impacta en indicadores de desempeño organizacional.
Pobreza de tiempo, una barrera estructural para el talento femenino
De acuerdo con cifras oficiales, el 72.9% de las mujeres ocupadas en México tienen responsabilidades de crianza, lo que se traduce en una sobrecarga de tiempo que limita su desarrollo profesional y personal.
El estudio Factor Wellbeing del Instituto del Propósito y Bienestar Integral (IPBI) de Tecmilenio —basado en una muestra de más de 24,000 colaboradores— confirma esta tendencia: el indicador más bajo en bienestar femenino corresponde a la disponibilidad de tiempo y energía tras la jornada laboral, con una calificación de 3.45 sobre 5, frente al 3.66 en hombres.
Sobrecarga de cuidados y desgaste laboral
Las cifras evidencian un patrón claro:
- Las mujeres dedican en promedio 43 horas semanales a labores de cuidado, frente a 18 horas de los hombres
- Reportan mayores niveles de saturación laboral, con un índice de 2.47 ante la percepción de exceso de trabajo
- La presión por la multitarea alcanza 2.28 puntos, reflejando una carga operativa constante
- El impacto emocional del trabajo se ubica en 2.99, mostrando desgaste sostenido
Bienestar laboral: de prestación a ventaja competitiva
El análisis del IPBI plantea un cambio de paradigma: el bienestar integral dejó de ser un beneficio complementario para convertirse en un activo estratégico de negocio.
“Algunos espacios de trabajo cobran a las madres un impuesto de tiempo invisible que frena su crecimiento; la doble jornada es una barrera estructural que no se resuelve con buenas intenciones, sino con políticas reales”, advierte Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto.
Las organizaciones que implementan modelos estructurados de bienestar registran beneficios tangibles:
- Reducción de hasta 40% en la rotación de talento especializado
- Mayor estabilidad organizacional frente a entornos volátiles
- Incremento en compromiso y desempeño de colaboradores
Además, atender la salud mental laboral de este segmento tiene efectos sistémicos: mejora el entorno para padres, cuidadores y trabajadores sin hijos, al reducir la presión generalizada en la cultura corporativa.
Tres ejes para revertir la pobreza de tiempo
El IPBI identifica líneas de acción concretas para empresas que buscan retener talento femenino y elevar su competitividad:
1. Gobernanza de la desconexión
Eliminar la cultura de disponibilidad permanente y medir el desempeño por resultados, no por presencia digital.
2. Flexibilidad laboral adaptada
Diseñar esquemas que reconozcan las tareas de cuidado como parte del ecosistema productivo, no como interrupciones.
3. Liderazgo basado en datos
Incorporar indicadores de bienestar subjetivo en la toma de decisiones estratégicas.
El peso económico del trabajo no remunerado
El impacto trasciende el ámbito corporativo. Según datos del INEGI, el trabajo de cuidados no remunerado representa 24.3% del Producto Interno Bruto (PIB) en México, lo que confirma su relevancia estructural en la economía nacional.
“La sostenibilidad de las organizaciones depende de su capacidad para proteger el sentido de trascendencia de sus colaboradoras”, señala Ballesteros, al subrayar que alinear propósito personal y objetivos empresariales es clave para el crecimiento.

