México consolidó una de las infraestructuras de pagos digitales más dinámicas de América Latina, impulsada por transferencias en tiempo real, el crecimiento del ecosistema fintech y el aumento sostenido de las remesas.
Sin embargo, detrás de ese avance persiste un problema estructural: gran parte del dinero que ingresa al país sigue saliendo rápidamente del sistema financiero mediante retiros en efectivo, lo que limita su potencial para convertirse en ahorro, crédito o inversión productiva.
De acuerdo con datos del Banco de México retomados por la Fundación Interledger, el país recibió alrededor de 61 mil millones de dólares en remesas durante 2025, posicionándose entre los principales receptores a nivel global.
Pese a ello, más del 50% de esos recursos aún se cobran en efectivo, reflejando una persistente fragmentación de pagos y baja interoperabilidad financiera.
La dependencia del efectivo sigue marcando el sistema financiero
El estudio The Missing Link: Remittances and Socially Trusted Financial Intermediation, elaborado con participación de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México y la University of California, Los Angeles, advierte que los flujos de remesas en América Latina operan dentro de un “círculo vicioso”.
Según el análisis, el dinero llega principalmente en efectivo, se utiliza para consumo inmediato y rara vez logra integrarse a mecanismos de ahorro, financiamiento o inversión de largo plazo.
En México, el 50.77% de las remesas se cobra en efectivo, mientras que apenas el 35.28% se deposita directamente en cuentas bancarias. Para especialistas, esta diferencia evidencia que el problema no es la llegada del dinero, sino la falta de conexión entre los distintos sistemas financieros y plataformas de pago.
Sistemas desconectados elevan costos y reducen eficiencia
La llamada fragmentación de pagos ocurre cuando bancos, billeteras digitales y plataformas financieras operan de forma aislada, obligando a usuarios y comercios a enfrentar comisiones adicionales, barreras operativas y poca certeza sobre la aceptación de fondos.
En la práctica, esto provoca que muchas familias prefieran retirar el dinero en efectivo antes que mantenerlo dentro del ecosistema digital.
La investigación también retoma cifras del Banco Mundial que muestran una diferencia importante en costos. Las operaciones de remesas realizadas mediante dinero móvil tienen un costo promedio de 3.63%, mientras que las transacciones basadas en efectivo alcanzan un promedio de 6.92%.
Para las pequeñas y medianas empresas, este escenario también representa un obstáculo operativo. Muchos negocios deben administrar múltiples plataformas de pago, asumir costos de conversión y regresar al efectivo para mantener operaciones cotidianas, particularmente fuera de los grandes centros urbanos.
Interoperabilidad, el reto pendiente del sistema financiero mexicano
La Interledger Foundation sostiene que el siguiente paso de las finanzas digitales no depende de crear nuevas herramientas, sino de lograr que las ya existentes se conecten de manera eficiente.
Briana Marbury, CEO y presidenta de la fundación, afirmó que “la fragmentación es costosa” porque limita el acceso al crédito, incrementa las comisiones y reduce las oportunidades económicas para familias y pequeñas empresas.
“La fragmentación es costosa. Cuando los sistemas de pago no se conectan, las familias y las pequeñas empresas asumen los costos en comisiones más altas, acceso limitado al crédito y oportunidades perdidas”, señaló Marbury.
La directiva añadió que los sistemas abiertos e interoperables permiten que el valor financiero “circule, se conecte y se transforme en oportunidades económicas sostenidas”.
México ya tiene infraestructura, pero falta integración
El documento destaca que México no enfrenta un problema de velocidad en transferencias. El Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) es considerado uno de los mecanismos más avanzados de la región.
El desafío, apunta el análisis, es lograr que los recursos digitales puedan moverse sin fricciones entre billeteras electrónicas, productos de ahorro, herramientas de crédito y redes comerciales sin necesidad de regresar al efectivo.
Los principales efectos de la fragmentación financiera
Entre las consecuencias detectadas por el informe destacan:
- Mayor dependencia del efectivo
- Incremento en costos de remesas y pagos
- Menor acceso al crédito formal
- Dificultades para impulsar ahorro e inversión
- Reducción de productividad en pequeños negocios
- Limitada inclusión financiera en regiones fuera de grandes ciudades
Un punto crítico para la economía digital mexicana
El avance de los pagos digitales en México ha sido acelerado durante la última década, pero especialistas consideran que la siguiente etapa dependerá de reducir la desconexión entre plataformas financieras.
La discusión ya no se centra únicamente en ampliar el acceso a herramientas digitales, sino en construir un ecosistema interoperable que permita que las remesas, pagos y transferencias permanezcan dentro del sistema financiero y generen un impacto económico más amplio.
Para organismos como la Fundación Interledger, si México logra cerrar esas brechas operativas, las remesas, los pagos digitales y la inclusión financiera podrían convertirse en motores de productividad y resiliencia económica para hogares y empresas.

