La reducción de la jornada laboral en México comienza a tomar forma tras los recientes avances legislativos. Para Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio, el debate no debe centrarse únicamente en la implementación operativa —como los sistemas de registro de entrada y salida—, sino en un cambio estructural en la forma en que se concibe el trabajo, la productividad y el bienestar.
Reducción de jornada: más allá del control horario
Ballesteros explicó que el trasfondo de la reforma apunta a mejorar el balance de vida de los trabajadores en México mediante la variable del tiempo. Sin embargo, advirtió que limitar la discusión a mecanismos de control, como los relojes checadores, sería insuficiente.
“No solamente es un tema de decir cómo voy a implementar los controles […], sino también qué sucede dentro de ese horario de trabajo”, señaló.
En ese sentido, subrayó que uno de los principales retos será adaptar estas medidas en sectores donde históricamente no existía un control rígido de horarios, así como en esquemas híbridos o de teletrabajo.
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México: más horas, menor productividad
Uno de los puntos críticos que destacó la especialista es la baja productividad en relación con las horas trabajadas. De acuerdo con datos de la OCDE referidos en la entrevista, México figura entre los países con más horas laborales, pero con menor productividad en comparación con economías como Alemania.
“México trabajamos hasta 60 horas a la semana, pero con una productividad más baja que la de Alemania”, afirmó la directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio.
Este contraste evidencia que aumentar o reducir horas no garantiza, por sí mismo, mejores resultados económicos. La clave, dijo, está en optimizar el tiempo laboral y eliminar prácticas ineficientes dentro de las organizaciones.
El reto pendiente es el bienestar laboral
Desde el Instituto del Propósito y Bienestar Integral, los estudios revelan un problema persistente: el desgaste de los trabajadores. A partir del análisis de más de 100 empresas en México, se identificó que una proporción relevante de empleados no cuenta con energía suficiente al finalizar su jornada.
Entre los principales hallazgos destacan:
- Falta de equilibrio entre trabajo y vida personal
- Bajo nivel de energía al terminar la jornada
- Procesos laborales ineficientes que consumen tiempo productivo
- Exceso de controles administrativos
“Las personas cumplen con su trabajo, pero no siempre cierran el día con energía”, explicó Ballesteros.
Ante ello, advirtió que reducir la jornada sin atender estos factores podría resultar contraproducente.
Implementación gradual: la clave del éxito
Sobre los tiempos de aplicación, Ballesteros consideró que la gradualidad será fundamental para el éxito de la reforma, siguiendo ejemplos internacionales como Chile.
“La gradualidad es la estrategia correcta, no hacerlo de un solo tajo”, sostuvo.
Este enfoque permitiría:
Ajustes operativos progresivos
- Identificar fricciones en procesos administrativos
- Adaptar esquemas según industria
- Implementar modelos flexibles de jornada
Evaluación de resultados
- Medir impactos en productividad
- Ajustar políticas laborales
- Generar regulación complementaria
Además, enfatizó que el proceso deberá ir acompañado de lineamientos claros por parte de la autoridad, particularmente de la Secretaría del Trabajo.
Tecnología y confianza: variables críticas
Otro de los riesgos identificados es que los nuevos mecanismos de control se conviertan en herramientas excesivas de supervisión, especialmente en un entorno donde la tecnología mantiene a los trabajadores conectados de forma permanente.
“Tenemos que asegurarnos que las medidas […] se vean como un beneficio y no como ahora quiero controlar qué haces todo tu día”, advirtió.
Asimismo, destacó que la confianza organizacional será un factor determinante para mantener altos niveles de satisfacción laboral.
¿Cuándo se verán resultados?
De acuerdo con la especialista, aunque la implementación total se proyecta hacia 2030, los primeros efectos podrían comenzar a observarse en el corto plazo.
“Los primeros resultados los podríamos tener […] en los primeros dos años”, indicó.
Estos cambios estarían vinculados tanto a la percepción de bienestar como a la estandarización de prácticas laborales en el país.
México vs Argentina: modelos opuestos
Finalmente, la directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio contrastó el enfoque mexicano con el modelo adoptado recientemente en Argentina, donde la reforma laboral permite jornadas de hasta 12 horas diarias.
Mientras que en México el objetivo central es mejorar la calidad de vida, en Argentina se prioriza la competitividad y la productividad empresarial.
“Todos los modelos responden a necesidades económicas y sociales”, explicó.
No obstante, reiteró que en el caso mexicano la apuesta debe ser clara: combinar la reducción de la jornada con mejoras reales en productividad.
“Reducir la jornada con productividad va a tener un efecto positivo […] siempre y cuando se vea la variable de la productividad también y no solamente el conteo del tiempo”, concluyó.

