Ya huele a temporada electoral y, con ello, viene una ola de intereses políticos, descalificaciones, fake news y exhibición de los personajes que buscarán contender en las elecciones del próximo año. Conforme se acercan los tiempos electorales, comienzan a moverse las piezas, se perfilan aspiraciones y las redes sociales se convierten en un escaparate donde todo parece válido para ganar atención, posicionarse o desacreditar a quien representa una competencia.
En medio de este escenario, hay una pregunta que vale la pena poner sobre la mesa: ¿qué pasa cuando dos candidatas presentan la misma propuesta, pero de una se habla de su forma de vestir, su vida personal o su familia, mientras que de la otra se destacan sus propuestas?
La pregunta lleva a revisar una práctica que sigue presente en la política y en la manera en que se comunica: no todas las personas reciben el mismo trato. Mientras a los candidatos (hombres) se les cuestionan sus decisiones, sus alianzas y sus proyectos, a las mujeres todavía se les juzga, en ocasiones, por cómo se visten, con quién se relacionan, si tienen hijos o cómo llevan su vida familiar.
Y no, no se trata de que las mujeres que aspiran a un cargo público deban quedar exentas de críticas. Se trata de entender que una cosa es cuestionar su desempeño, sus propuestas o sus resultados, y otra muy distinta es utilizar estereotipos, prejuicios y aspectos de su vida privada para desacreditarlas.
La crítica política es necesaria; la descalificación basada en el género no debería normalizarse.
Precisamente, este fue uno de los temas abordados en el taller virtual Periodismo con perspectiva de género en procesos electorales, organizado por el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) e impartido por Cirenia Celestino Ortega, directora de Comunicación e Información de la Mujer A.C. (CIMAC), dirigido a periodistas y personas que elaboran, editan o seleccionan contenidos informativos.
Durante el encuentro se puso sobre la mesa una realidad que no siempre se reconoce en las redacciones: informar no consiste únicamente en contar lo que sucede, sino también en decidir qué merece convertirse en noticia, a quién se le da voz y desde qué enfoque se presenta a quienes participan en la contienda electoral.
En su mensaje de bienvenida, Patricia Lozano Sanabria, consejera electoral y presidenta de la Comisión de Igualdad de Género y no Discriminación del IEEM, invitó a reflexionar sobre la imagen que los medios construyen de las mujeres en la política, especialmente ante el proceso electoral para la elección de diputaciones y ayuntamientos 2026-2027 en el Estado de México.
Y es que el problema no es hablar de la vida personal de una persona dedicada a la política cuando existe un interés público legítimo. El problema es que ese escrutinio se aplique de manera desigual y que lo personal termine ocupando más espacio que las decisiones que afectan a la ciudadanía.
Pero la violencia de género en los procesos electorales no se limita a lo que se publica en los medios. También puede manifestarse en la confrontación entre candidatas y candidatos, en los discursos de campaña, en los debates y en los mensajes que circulan en redes sociales.
iNo toda crítica dirigida a una mujer constituye violencia de género, ni todo desacuerdo entre candidatas y candidatos tiene esa connotación. La clave está en analizar el contenido y el contexto de las expresiones, así como identificar si existen elementos de género que buscan menoscabar los derechos político-electorales de las mujeres. En determinadas circunstancias, estas conductas pueden constituir violencia política contra las mujeres en razón de género.
En este escenario, los medios de comunicación también tienen una responsabilidad. Reproducir descalificaciones sin contexto, convertir ataques personales en titulares llamativos o difundir información sin verificar puede contribuir a amplificar mensajes que afectan la participación de las mujeres en la vida pública. Por eso, la perspectiva de género no significa dejar de cuestionar a las candidaturas, sino hacerlo con rigor, responsabilidad y criterios equivalentes.
El reto está en reconocer cuándo la competencia política se convierte en un espacio para reproducir desigualdades y cuándo los ataques dejan de cuestionar las ideas para intentar desacreditar a las mujeres por razones de género.
La democracia necesita crítica, no prejuicios; necesita información, no rumores; necesita competencia, no violencia disfrazada de estrategia electoral.
Porque cuando la ropa se convierte en noticia y las propuestas dejan de serlo, la pregunta ya no es solamente cómo se está informando sobre las mujeres en la política, sino qué tipo de debate público estamos construyendo y qué democracia estamos dispuestos a aceptar.

