Faltan solo unos cuantos días de que comience el Mundial de Futbol 2026 y, como todos saben, México es uno de los tres países anfitriones de este evento deportivo. Como ocurre con cualquier acontecimiento de esta magnitud, existen muchos aspectos criticables y cuestionables; sin embargo, uno de los que más me preocupa es el tema sobre el que se pronunciaron la semana pasada ONU Mujeres y UNICEF: la violencia de género.
Y es que, después de la pandemia, comenzó a registrarse que durante los grandes eventos deportivos aumenta hasta en 30 % el número de llamadas a las líneas de emergencia por violencia familiar.
Este incremento es altamente preocupante, pues mientras algunos ven el torneo únicamente como un espectáculo, para las mujeres y niñas de los países anfitriones podría convertirse en un foco de alerta.
México debe encender las alarmas, puesto que en la última década se ha convertido en uno de los países con mayores índices de feminicidio en América Latina, la expresión más extrema de la violencia de género contra las mujeres.
Por ello, resulta fundamental y oportuna la campaña “La violencia contra las mujeres no es parte del juego”, que encabeza la Red Nacional de Refugios (RNR), una iniciativa que responde al incremento de agresiones dentro de los hogares, violencia sexual, acoso, explotación sexual y trata de mujeres y niñas que suelen registrarse durante los grandes eventos deportivos.
Como ha señalado la directora de la RNR, Wendy Figueroa, junto con especialistas y diversos estudios realizados en varios países, la emoción, la frustración y el enojo derivados de una derrota, así como la euforia provocada por una victoria, pueden convertirse en detonantes de agresiones contra las mujeres por parte de hombres de su entorno. A ello se suma el incremento en el consumo de alcohol, un factor que contribuye a elevar las alertas por violencia.
Cabe destacar que esta campaña se implementará en los tres países sede del Mundial, en coordinación con Women’s Shelters Canada y la National Network to End Domestic Violence (NNEDV) de Estados Unidos.
La estrategia contempla tres etapas: antes, durante y después del Mundial. Su objetivo es prevenir y monitorear situaciones de violencia, pero también garantizar que las mujeres, incluidas las extranjeras que se encuentren en México, no sean víctimas de otros delitos, incluso una vez concluido el torneo.
No obstante, mientras las organizaciones civiles tienen las alertas encendidas sobre el tema, las gestiones de la jefa de Gobierno, Clara Brugada, y de los gobernadores de Nuevo León y Jalisco, Samuel García y Pablo Lemus, siguen siendo lentas y omisas ante los posibles riesgos que pueden enfrentar las mujeres. Esto, a pesar de que Brugada justificó haber pintado la Ciudad de México de morado como reflejo de una ciudad feminista.
Porque recordemos que este tipo de acciones, sin protocolos efectivos, medidas contundentes, líneas de auxilio, transporte seguro y calles seguras para todas, son únicamente discursos de fachada. Y ni hablar de los otros dos gobernadores, para quienes pareciera que la violencia de género no forma parte de los desafíos que implica se anfitriones de un Mundial y que su única preocupación es recibir a los equipos deportivos y a sus aficionados.
Recordemos que el Mundial durará un mes, pero las consecuencias de la violencia pueden durar toda una vida. Hoy es momento de que las autoridades demuestren su capacidad para garantizar estadios y hogares seguros para millones de visitantes y habitantes. De lo contrario, la verdadera derrota no ocurrirá en la cancha.

