La fiebre mundialista mantiene a México en un estado de euforia, esperanza y alegría que desde hace años parecía ausente. Durante los partidos de la Selección Mexicana, el país prácticamente se paralizó. Los Fan Fest instalados por el Gobierno de la Ciudad de México, que en su momento fueron objeto de fuertes críticas, hoy se han convertido en puntos de encuentro para miles de personas, tanto mexicanas como extranjeras.
Pero toda euforia colectiva tiene un costo: desplaza la atención pública. Mientras millones celebran cada gol y cada triunfo, varias de las problemáticas que atraviesa el país han quedado fuera de la conversación cotidiana. Las movilizaciones de madres y padres buscadores, el levantamiento del plantón de la CNTE, las protestas de transportistas y otros conflictos sociales se desdibujaron de la coyuntura mediática.
Temas de la agenda nacional como la implementación del T-MEC, la seguridad o la situación económica también pasaron a un segundo plano. Sin embargo, en medio de ese ambiente mundialista, el viernes 28 de junio la conversación pública dio un giro inesperado. Las redes sociales, particularmente X, cambiaron de tendencia tras la denuncia pública de María Felicia Jiménez, esposa del exdirector de PEMEX, Víctor «N».
A través de un video, Jiménez exhibió la violencia de la que, asegura, fue víctima por parte del exfuncionario. La grabación se viralizó en cuestión de horas y provocó una reacción inmediata del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL), que intentó deslindarse de su nombramiento como director general. Sin embargo, esa postura fue rápidamente cuestionada al difundirse una publicación realizada por el propio instituto el pasado 3 de junio, en la que anunciaba oficialmente dicha designación.
Las reacciones no se limitaron al ámbito institucional. La Secretaría de las Mujeres, junto con su próxima titular, Laura Itzel Castillo Juárez, así como la Fiscalía General del Estado de Morelos, informaron que se inició una carpeta de investigación para esclarecer los hechos.
Sin embargo, reducir este caso a un escándalo mediático sería un grave error. La violencia de género no adquiere relevancia únicamente porque el presunto agresor sea un personaje con poder político o porque el video se haya hecho viral. Todos los días, miles de mujeres enfrentan agresiones similares lejos de los reflectores, sin cámaras que documenten la violencia y, en muchos casos, sin instituciones que respondan con la misma rapidez.
La indignación no puede depender del apellido del agresor ni del alcance de una publicación en redes sociales. Si este caso sirve para algo, debe ser para evidenciar que el verdadero problema no es un solo hombre, sino un sistema que durante años ha normalizado la violencia contra las mujeres, ha minimizado sus denuncias y ha convertido el acceso a la justicia en un privilegio. Mientras el país celebra un Mundial, conviene recordar que la realidad no entra en pausa: la violencia machista tampoco.
Porque cuando el Mundial termine, las pantallas se apagarán, las tendencias cambiarán y la euforia colectiva dará paso a la rutina. Pero para miles de mujeres, la violencia seguirá esperándolas detrás de la puerta de su casa. Ellas no pueden cambiar de canal, no pueden cerrar la aplicación ni esperar al siguiente partido para olvidar. Viven con miedo todos los días.
El caso de María Felicia Jiménez no debe convertirse en una historia más consumida por el morbo o el golpeteo político. Debe ser el recordatorio de que la violencia de género no distingue cargos, apellidos ni posiciones de poder, y que las instituciones tienen la obligación de actuar con la misma rapidez y contundencia para todas las víctimas, no solo para aquellas cuya historia logra hacerse viral.
Y mientras sigamos celebrando los goles con más fuerza de la que exigimos justicia, la mujeres mexicanas seguirán viviendo un juego eterno de violencia.

