Lo que comenzó como una burla hoy sostiene una parte importante de la economía informal del país. Las “nenis” ya no son un meme: son una fuerza económica real que los legisladores de la Ciudad de México apenas empiezan a voltear a ver.
El emprendimiento femenino no surgió por moda ni por innovación espontánea, sino por necesidad. En 2020, miles de mujeres fueron expulsadas del mercado laboral o vieron reducidos sus ingresos. Sin políticas públicas suficientes para contener el golpe, hicieron lo que históricamente han hecho: resolver.
Digitalizaron lo que muchas de ellas ya hacían —o habían visto hacer a amigas, vecinas o conocidas durante años—: la venta por catálogo. Este modelo evolucionó y se transformó en el entorno digital. Convirtieron redes sociales como Facebook, TikTok y WhatsApp en vitrinas para ofrecer una amplia gama de productos: desde ropa “preloved” o de segunda mano, hasta artesanías, manualidades y todo tipo de artículos.
A pesar de que el emprendimiento femenino tuvo su mayor auge durante los años de la pandemia y la pospandemia, no fue sino hasta 2024 cuando la Secretaría de Economía de México reconoció a las NENI como las “Nuevas Empresarias de Negocios por Internet”, otorgándoles un concepto más técnico.
Asimismo, el año pasado, la Secretaría de Desarrollo Económico (SEDECO) realizó la primera edición del NENI Fest 2025, donde se estimó que el Estado de México lidera con 176,166 emprendedoras (equivalente al 14.7% del total nacional); Jalisco ocupa el segundo lugar con 100,194 mujeres dedicadas a las ventas en línea (8.4%); y la Ciudad de México registra más de 80,000 “nenis”, que generan ganancias anuales estimadas en 520 millones de pesos.
Sin embargo, fue hasta hace apenas un mes cuando los legisladores de la Ciudad de México realmente voltearon a verlas.
Hoy, el Congreso de la Ciudad de México tiene sobre la mesa la creación de “Puntos Neni de entrega”, una red de espacios seguros para realizar transacciones. La propuesta, impulsada por la diputada Elizabeth Mateos Hernández, es, sin duda, un paso en la dirección correcta. Pero también es un recordatorio incómodo: el Estado no creó este ecosistema; llegó cuando ya estaba funcionando.
Porque las nenis no solo venden productos: operan sin seguridad social, sin garantías y sin protección frente a fraudes o violencia. Han tenido que improvisar puntos de entrega en estaciones de metro, banquetas o centros comerciales, muchas veces exponiéndose a riesgos reales. En ese contexto, ofrecer espacios seguros no debería verse como un apoyo extraordinario, sino como una obligación mínima.
La pregunta de fondo es si esta iniciativa busca realmente fortalecer el emprendimiento femenino o simplemente administrarlo. Porque habilitar puntos de entrega es útil, sí, pero claramente insuficiente. ¿Dónde están los esquemas de formalización accesibles? ¿El acceso a financiamiento? ¿La protección ante abusos? ¿La seguridad de las emprendedoras?
En la propuesta se establece que el planteamiento busca alinearse con el programa anunciado por la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, orientado a respaldar a las denominadas Nuevas Empresarias de Negocios en Internet. Asimismo, se plantea que la Secretaría de Desarrollo Económico implemente esta red de acuerdo con su disponibilidad presupuestal, priorizando espacios estratégicos de la ciudad donde exista alta actividad comercial o concentración de movilidad urbana.
El gobierno de la Ciudad de México tiene claro el impacto económico de este modelo y conoce las cifras del ingreso que genera. Sabe que no se trata de una tendencia pasajera, sino de una economía viva, activa y en crecimiento.
Pero habrá que esperar para saber cuál será el rumbo tanto de la iniciativa como del programa en la Ciudad de México, y si realmente el objetivo de los legisladores y del gobierno local es apoyar el emprendimiento femenino o simplemente formalizarlas para aumentar la recaudación fiscal.

