La era del Software as a Service terminó. Salesforce, SAP, ServiceNow y cientos de empresas que construyeron negocios multimillonarios sobre un modelo que parecía prácticamente indestructible, hoy enfrentan una amenaza real por la adopción de la inteligencia artificial.
Hasta hace un par de años, la fórmula de las grandes empresas de SAAS era más o menos así: Identificar un problema, desarrollar una plataforma que lo resolviera, vender licencias mensuales y escalar usuarios lo más rápido posible. Hoy, el mundo simplemente ya no funciona así.
Muchos productos SaaS existían porque ejecutar determinadas tareas requería plataformas especializadas. Generaban reportes, revisaban documentos legales, automatizaban flujos de trabajo o analizaban información con herramientas diseñadas específicamente para ello.
Ahora, cada vez más de esas funciones pueden resolverse desde un modelo de inteligencia artificial.
Durante una conversación reciente, Omar El Gohary, fundador del fondo Magnat y ex CEO de G2K (empresa adquirida por ServiceNow en una de las mayores salidas tecnológicas registradas en Alemania) describía un fenómeno que está modificando la forma en que se mueve el capital de riesgo.
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Los inversionistas siguen apostando por inteligencia artificial, pero están siendo mucho más selectivos respecto a qué tipo de empresas merecen financiamiento, especialmente en lo que respecta a la construcción de ventajas competitivas.
Este cambio en la lógica de las inversiones es, a mi parecer, un claro signo de madurez en el ecosistema.
En estos últimos años aparecieron cientos de startups que tomaron capacidades existentes de OpenAI, Anthropic o Google y las empaquetaron para resolver tareas específicas. Eso no es sostenible en el tiempo y deja a las empresas expuestas a la catástrofe.
A manera de ejemplo y sin decir nombres, conocí una empresa que pasaba a texto los mensajes de voz de WhatsApp. No les quiero ni contar lo que les pasó el día que Meta sacó su propia función para hacer lo mismo… pero como este, cientos de casos.
En la actualidad, este riesgo se ve reforzado por el ritmo de la tecnología. Cada nueva versión de los grandes modelos incorpora funciones que antes requerían compañías completas para existir. Lo que ayer era una startup prometedora puede convertirse en una característica nativa de ChatGPT seis meses después.
Por eso muchos inversionistas están dejando de preguntar cuántos usuarios tiene una empresa y empiezan a preguntar algo más fundamental: ¿Qué tiene esta startup que nadie más pueda copiar?
La pregunta parece obvia, pero cambia por completo el paradigma.
Hace no mucho, una empresa podía defenderse por la complejidad técnica de su software. Construir millones de líneas de código requería equipos grandes, años de trabajo y enormes cantidades de capital.
La inteligencia artificial redujo dramáticamente esa barrera. El código ya no es el foso competitivo que era antes.
“Lo que empieza a importar son los datos, la propiedad intelectual, el conocimiento especializado, los modelos propios y la capacidad de resolver problemas reales que generen valor económico tangible”, asegura El Gohary.
Desde su perspectiva, el mercado está dejando de premiar la capacidad de construir software y está empezando a premiar la capacidad de construir algo irreemplazable.
Eso explica por qué buena parte de la inversión actual se concentra en empresas que desarrollan infraestructura para inteligencia artificial, modelos fundacionales o aplicaciones con una tecnología realmente defensible detrás.
También explica por qué muchos fondos, como Magnat, están alejándose de startups cuya propuesta puede ser replicada por cualquier competidor con acceso a los mismos modelos.
Mientras el mercado celebra nuevos lanzamientos, valuaciones récord e inminentes ofertas públicas iniciales, los inversionistas más sofisticados, como El Gohary, parecen estar haciendo una distinción cada vez más clara entre quienes utilizan inteligencia artificial y quienes realmente están construyendo sobre ella.
Porque el problema del SaaSmageddon no es que el software vaya a desaparecer, sino que ya no puede ser genérico y pensado solo en asientos.

