El jueves pasado 16 de abril de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció la salida de Citlalli Hernández de la titularidad de la Secretaría de las Mujeres. Un día antes, el 15 de abril, la joven Edith Guadalupe había sido reportada como desaparecida.
Ambos sucesos remiten a la perspectiva de género, aunque transitan por caminos distintos que, inevitablemente, se cruzan.
Vayamos por partes. Tras el anuncio presidencial, la propia Citlalli Hernández confirmó su salida de una secretaría que fue creada durante el actual sexenio y que apenas comienza a consolidarse. De ahí surge una pregunta básica: ¿por qué dejar un cargo que va más allá de la administración pública? ¿Cuántos funcionarios pueden decir que han sido fundadores de una dependencia? No se trata de cualquier secretaría, sino de la institucionalización de la perspectiva de género como eje de política pública.
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Sin embargo, todo indica que hoy pesa más el war room que comienza a configurar el partido Morena y su nombramiento en la Comisión Nacional de Elecciones para comicios del 2027, que las convicciones que decía defender en la lucha por los derechos de las mujeres. ¿O no?
Durante su primer año de gestión, la Secretaría de las Mujeres estuvo marcada por críticas de organizaciones feministas: un presupuesto insuficiente, poca claridad en su ejecución y la ausencia de políticas públicas sostenibles. Los resultados visibles fueron limitados: la publicación de la Cartilla de las Mujeres y la firma de un convenio para combatir la violencia digital.
La gestión de Citlalli dejó más dudas que resultados. Su salida, además, deja sin rumbo claro a uno de los proyectos prioritarios del actual gobierno, en un contexto donde la violencia de género se ha vuelto una constante alarmante.
Porque mientras se redactaba una renuncia, Edith Guadalupe desaparecía tras acudir a una entrevista de trabajo en un edificio de la alcaldía Benito Juárez, lugar donde posteriormente fue encontrada sin vida.
En este caso, las autoridades de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX) tardaron 24 horas desde que se interpuso la denuncia hasta el registro del edificio donde había desaparecido, lo cual no solo demuestra negligencia, sino protocolos obsoletos y falta de perspectiva de género en el actuar de la institución.
Aunado a ello, y como suele ocurrir cuando un caso se vuelve mediático, en el caso de Edith Guadalupe proliferan las especulaciones, la revictimización y narrativas simplistas de buenos y malos, donde la verdad termina diluyéndose. Muy probablemente no sabremos qué fue lo que realmente pasó, como ha ocurrido en otros casos. Además, no fue el único caso que se registró en la semana de salida de Citlalli Hernández.
Lo que sí es claro es que la FGJCDMX continúa lenta en su actuación y deficiente en su comunicación. Esto no solo alimenta la incertidumbre, sino que erosiona la confianza en las instituciones responsables de garantizar la seguridad y la justicia.
Y como sociedad debe indignarnos este panorama: feminicidios que no cesan, una Secretaría de las Mujeres acéfala y una deuda histórica que el Estado mexicano sigue sin saldar con las mujeres.

