Esta semana tuve una gran pregunta: ¿qué tipo de liderazgo quiero ser? Y es que, aunque suene como cliché, todos, en algún momento de nuestras vidas, asumimos el rol de líder.
Ya sea en el trabajo, en tu grupo de amigos, en tu familia, comunidad o cualquier grupo social al que pertenezcas, en algún momento te toca liderar.
Pero, ¿alguien les dijo cómo ser un buen líder? ¿Qué tipo de líder eres? Muy probablemente, la respuesta sea no. Porque ni siquiera conocemos los tipos de liderazgo que existen, cuál se adapta más a nuestra personalidad y, sobre todo, no existe una materia, curso o diplomado que nos prepare para todas las situaciones que se pueden presentar cuando tomas el control de un grupo y tienes que darle dirección.
Es ahí donde convergen tu personalidad, inteligencia emocional, capacidad de análisis y de toma de decisiones, carácter, manejo del estrés, entre otros factores, además de las características, capacidades, habilidades y disposición de tu equipo.
LEE: Casi 15 millones de jóvenes en México enfrentan pobreza, precariedad laboral o rezago educativo
Y esto no se trata solo de estudiar o tomar una master class, sino de conocerte, conocer a tus equipos o grupos, encontrar el equilibrio y no colapsar ante las crisis. Porque es ahí donde realmente se ve qué tipo de líder eres.
Mientras no existan momentos de caos, todas las decisiones se pueden tomar de forma racional, analizar los escenarios y pensar en las posibles reacciones o consecuencias. Pero cuando existe caos, las situaciones se tornan completamente diferentes.
La toma de decisiones tiene que hacerse rápidamente, los análisis se basan en razonamientos lógicos de segundos, los posibles escenarios solo son imágenes fugaces en la mente que pueden estar o no en lo correcto y la información que se tiene en ese momento es escasa.
Y es aquí donde todo lo que aprendiste en la teoría se pone a prueba o tu instinto se vuelve tu guía. Pero realmente, ¿quién sabe cuál es el camino correcto a seguir?
Creo que nadie contará con una respuesta correcta, porque todos podrán decir: “Yo lo hubiera hecho de otra manera”. Pero cuando se está en situaciones extremas, convergen todos los elementos y factores: desde tu personalidad, tu inteligencia emocional, tu capacidad de reacción, las habilidades y conocimientos que tenga tu equipo, el entorno y ambiente de trabajo, entre muchas otras cosas.
Porque liderar en la calma es una cosa, pero liderar cuando las cosas salen mal es completamente diferente. Es en esos momentos cuando desaparece la posibilidad de tener todas las respuestas, de analizar cada escenario y de esperar a que alguien más nos diga qué hacer.
Y quizá ahí está una de las mayores dificultades del liderazgo: entender que no siempre existe una decisión perfecta. Hay decisiones que se toman con la información disponible, con el tiempo que existe y con las capacidades que tienes en ese momento.
Por eso considero que lo más importante es que conozcas tus límites. Eso te dará grandes respuestas y, sobre todo, te ayudará a actuar de una mejor forma.
Conocer tus límites también significa reconocer cuándo necesitas escuchar, cuándo necesitas delegar, cuándo tienes que tomar una decisión y cuándo tienes que aceptar que no tienes todas las respuestas. Porque quizá un líder no tenga que ser siempre autoritario, delegativo, transaccional o participativo. Tal vez tenga que aprender a ser diferentes tipos de líder dependiendo de la situación.
Aún sigo preguntándome, en teoría, qué tipo de líder quiero ser. Pero creo que ahora la pregunta más importante no es qué tipo de líder quiero ser, sino qué tipo de líder seré cuando se genere el caos.
Porque es fácil hablar de liderazgo cuando todo funciona, cuando el equipo responde, cuando las decisiones tienen tiempo para analizarse y cuando los resultados acompañan.
El verdadero reto aparece cuando llega el caos: cuando no se tiene el tiempo suficiente, existe poca información y hay muchas decisiones que tomar.
Ahí importará quién eres realmente.

